
Joy Division ha influido en grupos posteriores adquiriendo un lugar especial en la historia de la música y la memoria de sus más fervientes admiradores, ellos fueros predecesores de la mezcla de estilos, de ese algo diferente y una puesta en escena curiosa, fueron los creadores del post-punk y, en general, figuras importantes en el panorama independiente actual.
Pero parte del recuerdo se debe a su líder, Ian Curtis que con su personalidad depresiva, sus letras oscuras y su manera de bailar en cada actuación se convirtió en un mito, sobre todo, y por desgracia, culminado con su suicidio, cuando sólo contaba con 23 años de edad.
La película Control, que hoy quiero recomendar fervientemente, es un tributo a la vida de este artista tan misterioso como único.
Dirigida por Anton Corbijn y protagonizada por un fantástico Sam Riley, la película intenta integrarnos en la vida del cantante, en el comienzo de la fama y su terrible sensación de perder el control sobre su vida. Una de esas obras que te dejan absorta mirando la pantalla, deja una huella oscura en el recuerdo y cada vez que oigo o leo algo sobre ella, me provoca una ligera pero profunda emoción, algo parecido a la pasión.
Curiosamente está rodada en blanco y negro, con una fotografía sobria y elegante, al estilo inglés, para locos admiradores del british style.
Buena película que ha escalado puestos en mi lista de favoritos.
Y la recomendación de la casa es verlo en versión original, aunque la tenemos doblada al español, pero siempre se pierde algo...



Cabe destacar el tributo de The Killers a este grupo, con su versión de Shadowplay, en cuyo videoclip se intercalan imágenes de la película, todo un lujo.